Una penuria para mí,
es no encontrar ese cariz de amor eterno,
y es que tan solo veo-
caretas de madera destrozadas;
carcomidas por las termitas del tiempo.

Materia que corrompe a la materia,
desvaneciendo en retazos el espíritu
que con cada cheque llega en futuro incierto.
Es así como duerme el espíritu,
tan así como muere la eternidad.

Sé que en el mundo no abundo,
y en caso mi esencia no encuentre,
rondaré como tonto vagabundo,
viendo como el rocío acaricia las mañanas,
mientras los árboles sacuden a los vientos.

Por eso busco yo mi otra parte,
y formaremos un mundo aparte,
porque aún sé que la neblina es aire,
los océanos las aguas que nos subsisten,
las tierras nuestras pisadas en el barro,
y los fuegos-
el núcleo de la tierra y nuestras pasiones.