Gaviotas colorean los mares en un oleaje de primavera.

Vuelve a mí viento perdido, voz de los océanos,

y aleja las tempestades y sus gritos de fuego.

Dispara relámpagos como dardos hacia mis enemigos,

y déjame a mí yacer en un colchón de aguas dulces.

 

En mi corazón prima el silencio,

el tamborileo profundo de noches sin retorno.

Dagas oscurecen la verdad.  Sácalas y el mundo se desangra.

Sus misterios por ende yacen,

ocultos bajo libros de piedras.