Pedestal de hierro tengo,
ante ustedes y mis ojos.
Un ciego alimento sexual,
que cena pero jamás engorda;
y todo por sentir este vacío
falto de amor.

A veces sueño,
en mi subconsciente platónico,
con aquella mujer,
niña de espíritu,
loca y desenfrenada,
pero cúmulo intelectual
de sonrisa sensual
e inocencia casual.

Luego despierto
para ver que no estás,
y sentir- sólo sentir…
que algún día estarás.