Gorgorio Samson despertó sin notar su sencilla transformación. La cama se había redoblado en tamaño. Era de tal magnitud, que el cuerpo de Gorgorio apenas se extendía sobre la almohada aplastada. ¿Estaría enfermo? Miró sus piernas; estaban verdes, flacas y torcidas.

—¡Alguien ayúdeme! —gritó, pero el entorno solo emitió un chillido.

Un golpe rotundo resonó sobre la ventana de la habitación. Gorgorio se dio un susto tal, que su salto lo mandó directamente contra la mesa del otro lado del dormitorio. Observó la proporción de la mesa, aturdido de encontrarse parado sobre la misma. El portarretrato de sus abuelos parecía una sombra inmensa que miraba por encima de Samson. Un nuevo golpeteo en la ventana, esta vez más brusco.

—¿Quién anda allí? —chirrió Gorgorio.

Dio un saltito y se miró frente al espejo. Al verse, sus piernas repicaron como resortes contra el techo. El espejo le habia mostrado un grillo, no el hombre que pretendía ser. En realidad él era Gorgorio Samson, un empleado que habia dedicado doce años de su vida a la corporación más grande de relojes en el mundo: Relojes Tiki.

Volteó justo a tiempo para ver sus ventanas hacerse trizas en una lluvia de cristales. Una sombra súbitamente entró, sus pisadas haciendo clic clac, mientras se aproximaba a Gorgorio. Fue alzado por los aires por una mano fría y dura.

—Pepito, ¿eres tú?

—¡No soy Pepito! —puntualizó Gorgorio.

—No importa, para mí tú sigues siendo Pepito, mi fiel consejero.

—Ni siquiera te conozco, degenerado. ¡Bájame ahora mismo!

—De acuerdo, te dejaré de nuevo en la mesa, pero con una condición —advirtió el extraño. —¿Sí? ¿Y cuál es?

—Tienes que mentirle a mi guardiana. Es una chica muy linda, de veras, y siempre se viste de azul.

—Bueno, no sé-  ¿qué quieres que le diga?

—Sólo háblale bien de mí con relación a cualquier cosa que te pregunte. Ah, y dile que estoy enfermo, que no puedo hablar.

El grillo iba a replicar, cuando un destello luminoso ingresó por la ventana. El pobre Samson no podía creer lo que veía. Una hermosa joven de ojos, vestido y pelo azul se aproximó al extraño que lo sostenía. El resplandor dejaba verlo con claridad.

—Pinocho, ¿qué haces tú acá? —susurró la hada con su suave voz.

—¿Pinocho?! —pensó aturdido Gorgorio al notar claramente que quien lo sostenia no era mas que un muñeco de madera.

—No- no puede hablar —trastabilló Samson.

—¿Qué? ¿Cómo que no puede hablar?

—Es que se le han metido unas termitas en la garganta.

—¡No es posible! Pobre de mi Pinocho —sollozó la azulina. —Lo he estado buscando por todas partes. Dime una cosa Pepito, ¿se ha estado portando bien?

—¡Que no soy Pepito! Que quede claro- y sí, se ha portado muy bien.

—No habrá estado mintiendo…

—No, no, para nada señorita.

—No soy señorita, soy la Hada Azul. Yo le di vida a Pinocho y tu estuviste alli presente. ——Yo jamás estuve allí presente, ¡y tampoco me llamo Pepito!

—Ven aquí, niño bueno —dijo la Hada Azul al muñeco de madera—, mereces ser de carne y hueso.

Un pequeño toque con la varita magica fue todo lo que requirió para que Pinocho se transformara.

—Gracias, Hada Madrina, ¡al fin puedo ser un niño de verdad! —dijo mirándose frente al espejo del tocador.

—No, no me lo agradezcas. Agradéceselo a Pepito.

—Yo no soy…

—Gracias Pepito. Al fin voy a poder cumplir mi sueño!

—Y dime, ¿qué piensas ser cuando seas grande? —le cuestionó la hada azul—. Voy a ser un dictador muy poderoso. ¡El mundo va a ser mio! —dijo Pinocho rascándose el 666 que tenía en la frente.

—Qué niño más dulce —sonrío la azulina—, “y pensar que antes era un muñeco de madera.

Pinocho, con una fuerza de mula, pateó la puerta tumbándola contra el piso. Salió corriendo tras una risa demoniaca que retumbó por los pasillos.

—Bueno, no sé si me podrías ayudar —dijo Gorgorio.

—¿Ayudar?

—Sí, es que- tú sabes, todo los años que me tomó adiestrar a Pinocho para que sea un niño bueno…

—¡Pero si sólo fueron dos meses!

—Ah, sí… me he confundido. Es que el tiempo es tan relativo.

—O sea que quieres decir que te aburrías tanto con mi Pinocho que para ti esos 2 meses fueron como años.

—Así es- ¡no! No quise decir eso.

—OK, comprendo. Yo tambien lo admito. Hice que tú lo cuidaras Pepito, porque en realidad, a mi también me aburría conversar con ese pedazo de madera.

—OK, pero-

—Sí querido, te concederé un deseo —susurró la Hada Azul.

Gorgorio por primera vez se sintió motivado. Nunca en su vida había tenido la oportunidad de ser algo diferente, mejor a lo que solía ser. No sería tan sólo un empleado de fábrica. Ahora sería alguien que hasta su propio hermano podría admirar. Aunque, a su parecer, su hermano Lucho, no admiraba a nadie.

—Quiero lograr ser alguien que mi hermano Lucho admire —declaró con intrepidez.

—OK, serás el punto de mayor admiración de tu hermano —aseguró ella en un tono melodramático y seco. De pronto, Gorgorio ya no sentia las piernas verdes con las que solia saltar. Tenia la sensación de que su cuerpo había vuelto a la normalidad ya que la cama donde se encontraba tendido habia vuelto a su tamaño original. No podía moverse, el cansancio y el letargo parecieron haberle adormecido los pies.

**

Samson despertó a las 6 de la mañana, al oír los pasos de su hermano; tenía la intención de dormir el resto del día, pero éste se le acercó de manera compulsiva.

—Así que aquí estabas. ¡No sabes durante cuanto tiempo te he estado buscando!

—¿Qué? ¿Cuánto tiempo? —inquirió Samson.

—Tu y yo vamos a correr las mejores olas del mundo. Tenlo por seguro.

Samson, lo miro incrédulo. —Gracias, mi gran hermano. Qué bueno que me aprecies, pero, aún así déjame descansar un poco más que aún tengo las piernas adormecidas del cansancio.

—Ven, que conmigo atravesaremos mares insólitos llenos de aventura esta mañana.

—No, ya te dije que ahora no. Necesito descansar —protestó Samson.

—Me parece bien que estés aquí. Ahora nos iremos y te estrenarás en el mar.

—No seas terco, Lucho, te dije que hoy no, ¿o que acaso no me puedes oir?

No hubo respuesta.

—¿Lucho? ¡Lucho!

El silencio era incomprensible. El hermano cogió a Samson con su hercúleo brazo, y lo hizo pasar frente al espejo: era una tabla de surf.

—Lucho, ¡suéltame! ¡Suéltame!

Las palabras viajaban en su mente. Nadie jamás le escucharía, porque en el fondo, no poseía cuerdas vocales.

Lucho pisó las arenas, reluciendo su sonrisa, gafas de marca y la tabla nueva. Unos hombres de sombrilla, bajaban su periódico para mirar con envidia la enorme tabla. Tres clones, todos con bermudas floreadas palmearon la espalda de Lucho.

—Oye brother, ¿vamos a las olas?

—Sí, vamos que se nos hace tarde. El que se cae primero de la tabla es un perdedor! —anunció Lucho.

Corrieron en las ardientes arenas, atravesando con un suspiro la suave orilla, adentrándose contra las salvajes olas.

—Pppffft! ¡El agua esta horrible! —gritó Gorgorio. Nadie lo escuchaba. La primera ola aconteció, y con extrema propiedad, Lucho la cogió, balanceándose sobre Gorgorio con suma audacia.

—Lucho pfftt!! No hagas eso! Tus pies apestan!

Éste seguía con unos giros en el agua; sus pies, hundiendo a Gorgorio en las espumas.

—Lucho, me estoy ahogando!

A pesar que Samson le tenía mucha estima a su  hermano, debía hacer algo con urgencia si no quería terminar en la fabrica de tablas desechables.

Un fuerte viento ayudó a la tabla con las fuerzas necesarias para inclinarse. Vio a su hermano caer de sus espaldas, desprestigiado. Había perdido el control. Las aguas cada vez se mostraban más relucientes a estrellarlo contra las rocas.

—¡¡Lucho!!

Su hermano no le prestaba atención. Este se alejaba de la orilla con la cabeza gacha, mientras los clones le gritaban desde las olas, —Lucho, eres un perdedor!

Samson contuvo su tristeza. Ahora por culpa de él, su hermano sería un fracasado; jamás podría verlo nuevamente con las admiración de antes, y la culpa la tenia él.

Un repentino choque frontal contra las rocas dejo a Samson semi-consciente. Todo parecía encaminar hacia su fin, cuando el mar, sintiendo lastima por él, lo deslizó suavemente sobre la orilla. Samson, desolado y azul, pedía ayuda. Pero todos estaban demasiado concentrados en la contienda de tablistas y no le prestarían atención a una moribunda tabla.

Aun así, cosas más allá de lo inimaginable suelen ocurrir. Una bella joven, de bikini rojo corría en cámara lenta portando su pequeña tabla salvavidas. Corría y su pelo rubio se le alzaba con el viento, mientras la gravedad rebotaba sus otros tributos.

—¡Dios mío! Pobre tabla, de seguro que casi te ahogas por culpa de ese salvaje.

—Sí, ese salvaje es mi hermano.

—¿Es tu hermano? Disculpame, no lo sabía —ella declaró con voz suave.

—¡No puede ser! ¿Puedes escucharme?

—Claro que puedo escucharte, ¿o por quién me tomas?

—No- no eres una sal-sal va- va vidas?

—Claro que no. Soy Afrodita, la diosa del amor.

—Eso es imposible. ¿Cómo puedo comprobar que realmente eres Afrodita?

—Bueno, ¿no te parece suficiente el hecho de que te estoy hablando?

—Hmm… no lo sé. Podrias ser una bruja. Pero si realmente eres la diosa de la belleza… Afrodita, entendiendo, se alzó la parte de arriba del bikini, dejando a la tabla, más inerte de lo que ya estaba.

Un conglomerado de surfistas se acercó trotando a la zona. —Esa es mi tabla, ¡mi preciada tabla! —exclamó Lucho corriendo hacia Afrodita.

—Mira lo que me has hecho hacer —le susurró a Gorgorio en la aleta.

—¿Así que ésta es tu tabla?

—Si, ¡claro! Me costó mucho obtener esa tabla. Es una de las más caras del mercado.

—Oh, ¿en serio? ¿Me la puedes prestar por unos días? Después si quieres, puedes venir a recogerla a mi casa… —insinuó ella con un guiño.

—Claro. Te la presto —babeaba Lucho.

—Bueno, ya me tengo que ir, pero nos veremos pronto. ¡Chau chicos! —exclamó recogiéndose el cabello.

—¡Chau! —cantaron todos.

El sol de la tarde calentaba las aceras. Un enfiladero de casas pequeñas y blancas decoraba la calle. Afrodita, cargaba en un brazo a Samson.

—Gracias por rescatarme de los mares salvajes. Te debo una, preciosa.

—No tienes nada que agradecerme, pequeña tabla extraviada. Agradéceselo a mi papa, que él es quien te va a ayudar definitivamente.

—¿Tu papá?

—Sí, él es el único que te puede ayudar. Te llevaré para que lo conozcas.

Voltearon tras una esquina, bordeando el cerco blanco de la casa. —Papá, papá —gritó la bella joven abriendo las puertas del cerco—. Tengo aquí a alguien que necesita de tu ayuda. —Déjalo sobre el jardín, ya veré qué puedo yo hacer.

Ella asintió y se metió dentro de la casa.

Samson, en su forma de tabla, permanecía inmóvil sobre el gras recién podado, mirando con asombro al viejecito que rastrillaba las hojas.

—Perdón, es usted jardinero? —preguntó con curiosidad.

—Se podria decir que jamás he sido jardinero. Pero mis hijos me han presionado a que tome unas vacaciones y aquí estoy. Me han dicho que he estado mucho tiempo en las nubes y que era tiempo de pisar tierra firme. Así que heme aquí —declaró.

—Sí, probablemente sea lo mejor. No es bueno dedicarse todo el tiempo al ocio. A veces se debe trabajar un poco también —aseveró Samson, recordando con nostalgia su vieja empresa.

—¿Y quién eres? —inquirió la tabla.

—Soy Zeus, dios del Olimpo.

—Si que está tronado… —pensó.

—Eso es más que cierto —aseguró el viejo.

—Lo siento, yo no creo en esas cosas. Soy monoteísta. Pobre viejo, si fuera humano, tomaría prestado tu rastrillo para ayudarte  a recoger todas las hojas secas.

—¡Tonto! No es un rastrillo. Es mi trinche.

—Tu trinche?

—Sí, con él hago tronar la Tierra y destello la inmensidad celestial.

—¿Y para que me has traído hasta aca?

—Porque tu gracia ha sido favorecida por mi hija.

—No entiendo absolutamente nada, viejo loco…

—Aun a pesar de que me estés considerando un viejo inútil te concedere un deseo.

—¿Sí? ¿Lo harías? —respondió frotándose las manos con ansias—. Quisiera volver a ser Gorgorio Samson, empleado de… —se quedó mudo un momento, cavilando— quise decir, que yo quiero ser Gorgorio Samson, vicepresidente ejecutivo de la super-empresa de relojes Tiki.

¡Por los truenos y centellas! —gritó el jardinero alzando el rastrillo. El cielo se ennegreció con nubes oscuras que se iban juntando en segundos. De pronto, un rayo cayó directo sobre la tabla, y ésta empezó a derretirse convirtiéndose en un molde como plastilina.

—Muy bien, ahora quédate quieto —indicó Zeus. Con las habiles manos de un escultor, le plasmó forma con la punta de sus dedos.

—Definitivamente es Zeus —pensó Gorgorio mientras se sentía moldeado con fruición.

—Listo. Ya te moldeé- ahora para el toque final- TRUENOS Y ELECTROSHOCKS! —gritó.

Gorgorio aguardó.

—Aún no me puedo mover. Siento que  no soy mas que una masa de plastilina —protestó. —Ja ja ja —rió el viejo—. Tienes que esperar un poquito.

La tierra comenzó a temblar.

—Temblor? —susurró Samson, muerto de miedo. La intensidad del movimiento térreo era cada vez más brusco. A la distancia, una gran montaña, parecía moverse. Miró con temor, y poco discernimiento al gigante de piedra que se acercaba.

—¿Es- es – es?

—Es un titán,” respondió Zeus. —Ahora monstruo, haz lo que tengas que hacer o sino te regreso a tu jaula.

El titan gruñó en disgusto; tenía en la cabeza un gorro y antifaz de cirujano. Cogiendo dos prensas metálicas gigantes, las arremetió contra el enanizado cuerpo de Gorgorio, trasladándole 1000 voltios de descarga.

—¡Maldita sea! —gritó, cayendo inconsciente contra el suelo.

La luz del cuarto lo amedrentó. ¿Dónde se encontraba?

—Despiertate bobalicón —le dijo Lucho tirándole un par de almohadas sobre la cara. Gorgorio se destapó de las frazadas que lo ocultaban. —¿Qué, qué pasa? —bostezó.

—Vas a llegar tarde a tu trabajo, holgazán —vociferó su hermano Lucho.  —Mientras tú vas a tu puesto de empleaducho, yo me iré a correr unas olas.

—¿Empleaducho? No puede ser. Pero si Zeus me prometió que sería vicepresidente…

—¿Zeus? Tú no tienes remedio… qué te habrás fumado en las fachas que estás —dijo cogiendo su tabla y yéndose.

Gorgorio se vistió, cogió su maleta y escapó con sumo sigilo hacia el trabajo. Su destartalado carro desvió el camino de los otros automóviles en nubarrones negros. Samson no podia demorarse o llegaría tarde a su trabajo; así, su jefe tendría la excusa perfecta para despedirlo. Tocó bocina.

El semáforo estaba en rojo. Un par de payasos bailarines se pararon en medio de la pista a mostrar su espectáculo callejero.

Semáforo: luz verde. Uno de los payasos, que parecía no darse cuenta, seguía sus malabares frente al carro de Gorgorio. Bocinazo. El payaso, del susto, huyó corriendo. Luz roja.

—¡Maldita sea! —exclama él en su desesperación. Al fin la luz se pone verde y el carro arranca veloz.

Pasan unos minutos y al fin y al cabo ve el letrero de la compañía: Tiki: tiempo más allá de la eficiencia.

—Justo a tiempo —pensó Samson estacionando el carro dentro del recinto. Entró por la puerta trasera, haciendo cola con el resto de empleados. Sacó su tarjeta de control de asistencia y se registró. Entro inmediatamente al cuarto de ensamble. Cogió el martillo y se puso a trabajar.

El supervisor lo miraba de manera extraña. Éste se le acerco, luego de discutir paulatinamente con su radio. —Señor Samson, es necesario que hable con usted —irrumpió.

—¿Qué sucede?

—Usted esta atrasado.

—¿A- a- atra- sado? ¡Pero si llegue a la hora! —protestó.

—No, usted viene atrasado desde los dos días que no vino a trabajar. Ni siquiera se tomó la molestia de avisar la causa de su ausencia.

—¿Ausencia? Maldita sea, ¡Zeus existe!

—No señor, yo soy creyente, no pagano.

—Ahora, dígame, ¿por qué usted no vino estos dos días?

—Es que- yo era un grillo, y Pinocho- Pinocho era hijo del demonio y piensa apoderarse del mundo. Pero Afrodita me rescató de mi hermano que me ahogaba y luego su papá con un titán me regresaron… Ahora otra vez soy humano.

—Entiendo —murmuró el supervisor, tieso.

—En realidad mi intención no era molestarlo, señor Samson, ya que usted se ha vuelto un- un-  mejor será que hable usted mismo con el jefe.

Samson tragaba saliva, nervioso.

La oficina del gerente general se encontraba rodeada de papeles y ceniceros. Aún así, el cuarto se encontraba perfectamente amoblado y con una fresca ventilación que alejaba los incipientes humos del habano recientemente apagado.

—Señor Samson, siento informarle que debo tomar medidas debido a su desempeño laboral en nuestra empresa.

—¿Qué quiere decir? —dijo Samson acercándose a una de las sillas.

El gerente general, fijo bien sus anteojos, mirándolo con cierto susto.

—¡Oh! Usted es un- cuanto lo siento, por favor, tome asiento.

Gorgorio asintió sin comprender lo que sucedia.

El hombre de lentes cogió el auricular.

—Sí Betty, estamos en aprietos. Pásame con Li-Huan Tiki.

Samson escuchaba al gerente hablar en un idioma extraño. De manera abrupta colgó el teléfono.

—Gorgorio Samson, disculpa mi trato inicial, pero es necesario que vayas inmediatamente a hablar con Li-Huan Tiki, el presidente ejecutivo de la empresa.

—¿Qué? ¿Pero que he hecho? No comprendo.

—Venga conmigo, yo personalmente lo llevaré —afirmó el gerente.

Entraron a una sala majestuosa, pisos de marfil y 20 secretarias haciendo papeleos. Miró con envidia las mesas de trabajo y las computadoras de última tecnología.

—Es por aquí —indicó el jefe señalando una puerta.

La puerta se entreabrió y Samson fue expuesto ante la Asamblea Directiva.

—Señores, este es Gorgorio Samson.

—¡Dios mio! —gritó una ejecutiva— pero si es- es un-

—No hay necesidad de incomodarlo, señorita Greenfield —declaró el que se encontraba en el borde final de la mesa—. Mi nombre es Li-Huan y soy el fundador y dueño de esta empresa. Bienvenido, Gorgorio —dijo estrechándole la mano.

—Aun sigo sin entender.

—¿Qué aún no te lo han dicho?

—¿Qué cosa?

—Vas a ser ascendido.

—En serio? ¿Voy a ser supervisor?

—Más que eso. Vas a ser el nuevo vicepresidente ejecutivo de toda la compañía.

Samson se encontraba estupefacto. No podía creer lo que escuchaba. ¿Se habría vuelto loco el presidente?

—Discúlpenme un momentito. Necesito refregarme la cara que creo que me puedo desmayar de la emoción.

Algunas risas dentro del entorno. —Anda nomás Gorgorio, que nosotros te esperamos acá —anunció Li-Huan.

Gorgorio entró al baño. Tenía el tamaño de la cocina de su casa y paredes decoradas en mármol.

—Hmm… no me caería mal acostumbrarme a esta clase de vida. ¡Gracias Zeus! —gritó en voz alta.

Se refregó la cara con el agua fresca de los caños de plata. Ahora se sentía mucho mejor. Se miró al espejo. Cuando se dio cuenta, casi se le caen los ojos del susto.

—¡No puede ser! ¡Maldita sea! —exclamó furioso— soy un-

No quiso terminar.

Regresó al salon donde se encontraba la junta, lleno de confusión.

—¿Te sientes mejor Gorgorio? —le sonrió el presidente.

—En realidad no —dijo enfadado. —Soy un – ¡un Intocable! ¿Por qué me quieren contratar como vicepresidente?

—Ejem —el presidente aclaró su garganta— en realidad se debe al Principio de la Puerta Giratoria. Queremos mostrar que Intocables como tú no tienen por qué sentirse incómodos trabajando para nuestra sociedad. Lo importante es que eres el nuevo vicepresidente. Ahora es el momento que te entreguemos tu nuevo maletín. Esperemos que lo aprecies.

—Bueno, sí- pero-

—Puedes tomarte el resto de la tarde libre, señor Samson, nos vemos mañana en tu nueva oficina.

Samson se llevó el maletín, y lo metió dentro de la maletera de su viejo coche. Los extraños sucesos de aquel día lo mortificaban.

—Soy un Intocable —pensó con tristeza mientras se alejaba de la ciudad.

—Qué raro que mi hermano Lucho no se haya dado cuenta. Bueno, él nunca se da cuenta de nada—recordó—. Encima, me quieren poner como Vicepresidente de la empresa, de seguro por pena… sí, es pura rabia la que siento contra ese maldito Zeus, que ha jugado conmigo como si fuera un tonto… jamás debí pensar que él era un viejo inútil…

Paró su carro frente al enorme y turbulento río.

—Es mejor morir ahogado, a vivir codeado de la pena que me tienen otros —dijo en tono meláncolico. Se aproximó al borde del río, la fiereza de este, haciendo saltar pequeñas piedras.

—Te maldigo, ¡maldito lanza-relámpagos! —gritó Gorgorio mirando al cielo entre risas lamentosas.

—El maletín —respondió una voz en el aire.

Las nubes formaron la silueta de Zeus, indicando con un trinche hacia la maletera del vehículo.

—¿El maletin? —pensó Gorgorio, mirando la maletera. Sin pensarlo dos veces, abrió la maletera y lo sacó. Ahora lo apreciaba con claridad; un elegante maletín negro forrado de cuero. Lo sacudió. Parecia contener algo. Al lado de las llavecitas, se encontraban sus inscripciones: G. Samson. Con sumo sigilo dio vuelta a cada una de las llaves y abrió el maletín.

En su interior se encontraba un pequeño reloj, con una nota. La nota decía lo siguiente:

A nuestro mejor empleado de la Empresa,

Señor Gorgorio Samson, por medio de la presente queríamos mostrarle lo mucho que apreciamos su colaboración durante tantos años a nuestra super y fabulosa empresa multinacional de relojes. Como muestra de nuestra gratitud, le hemos adjuntado este pequeño obsequio, que esperamos, muestre significativamente nuestra apreciación hacia sus años de colaboración a la compañía.

Atentamente,

Sus asociados.

Miro el pequeño reloj que yacía en el maletin. Era un reloj análogo, de los primeros que hizo la empresa, con sus dos timbres de campana y sus pequeñas patas de apoyo. Gorgorio Samson, sonrió, aturdido. Zeus lo habia transformado en un Intocable, pero aún así, vio por primera vez que era apreciado.

Levantó el reloj y vio la parte de atrás: hecho en Taiwan. Un pequeño boton leía: ON / OFF. Encendió el boton. La maquinita perdió el control y comenzó a agitarse con violencia. Ese brusco movimiento hizo que Samson lo dejara caer al piso. De cada uno de los lados del reloj, emergían brazos, piernas y una cabeza cuadrada.

De pronto, este habló. —Soy un robot enviado de manera exclusiva. Mi misión consiste en la destrucción de Gorgorio Samson, cortesía de la Empresa Tiki. Comenzando conteo… 10, 9, 8…

—No- no lo entiendo —dijo Samson.

—5, 4, 3…

—Pensé que…

Una detonación apenas  hizo vibrar las enormes ventanas de la empresa de relojes.