Nunca antes se había visto

un fenómeno como La Llanta Humana.

Su ruedo ha marchitado las flores,

callado el pico al gallo

y aguado el día a San Valentín.

Con tanto chapucero,

¿quién puede ver los huecos de la pista?

La Llanta Humana,

ay, ¡pobre de ella!;

sube la cúspide del cerro,

sin saber que después

rodará cuesta abajo;

aceptémoslo pues a murmuro de huayco,

mientras La Llanta Humana

tropieza su cerro y nos aplasta.

¿Por qué será que como peruanos,

vemos sólo círculos, ruedas y rodeos?