Eitan Olevsky

Writer | Escritor

Category: Español (page 1 of 3)

Vientos (Poema)

Soplos de la noche

corren taciturnos,

sin ritmo ni trasnoche,

sin cielo de canciones,

en las tardes del soroche.

 

Soplos del día,

reflejan luz de valles,

mientras sombras se escondían

entre angostas calles.

 

Soplos de la noche,

Soplos del día,

corriendo sin reproche,

sin falsa la osadía,

navegando por los aires.

Silencio (Poema)

Gaviotas colorean los mares en un oleaje de primavera.

Vuelve a mí viento perdido, voz de los océanos,

y aleja las tempestades y sus gritos de fuego.

Dispara relámpagos como dardos hacia mis enemigos,

y déjame a mí yacer en un colchón de aguas dulces.

 

En mi corazón prima el silencio,

el tamborileo profundo de noches sin retorno.

Dagas oscurecen la verdad.  Sácalas y el mundo se desangra.

Sus misterios por ende yacen,

ocultos bajo libros de piedras.

Rieles del Tiempo (Poema)

Triste retrueno de rieles

anuncian la ida de seres queridos

con un lento venir,

con un sigiloso despedir.

 

Un agudo tintineo,

anuncia el tiempo

ya llegado a su fin

mientras viscosos humos de estribor

cubren vela sobre la reciente penumbra.

 

El cielo apagado,

opacado por la lejanía del tren

ya se aleja,

dejando atrás la amarga desolación

de llantos y murmullos.

Réquiem ad Astra per Aspera (Poema)

Surge tras los montes

la desastrosa ave

del pico en réquiem.

Su noche de lívida presencia,

escarmienta los pájaros,

menos aquél.

Tan gris es el aparato

que la luna refleja

y en los aires gélidos

la cabeza pone en pie

como quien alberga

la paz de un rey.

Cuando sus pastosas tierras

pronto se talquean,

bajo dos augurios

un eclipse retoña.

Cambia de faz

la noche enternecida,

brotan los húmedos rosales

de la efímera mañana.

La corriente carraspea

el acerbo pedregal,

el murmullo se torna

en extraño rumor.

Ya al alzar la mirada

veo quién soy:

aquél al que el pasaje efímero del tiempo

todo le dio.

Pedestal de Hierro (Poema)

Pedestal de hierro tengo,
ante ustedes y mis ojos.
Un ciego alimento sexual,
que cena pero jamás engorda;
y todo por sentir este vacío
falto de amor.

A veces sueño,
en mi subconsciente platónico,
con aquella mujer,
niña de espíritu,
loca y desenfrenada,
pero cúmulo intelectual
de sonrisa sensual
e inocencia casual.

Luego despierto
para ver que no estás,
y sentir- sólo sentir…
que algún día estarás.

El Murmullo que Silencia los Ríos (Poema)

Eres dulce mi primavera,

verde en el pasto donde floreces,

azul en tu suave canto de paloma.

 

Tu murmullo silencia los ríos

y me embriago

con el tibio raudal de olas

con el que rodeas mi cuerpo.

 

Arrastrado en tus aguas,

déjome llevar al inconsciente destino

donde desembocas.

 

Échome en tu verde pedestal

de hierbas y fragancias dulces,

y de pronto me hallo

botando suspiros color rosa.

 

Oh sol,

¿qué sucede con tu luz

que ha sido opacada por ojos

del color de la propia tierra?

Encontré dos tiernos luceros

en el río profundo y lejano

del Edén secreto;

aquél donde avizoran las montañas

frente al muro y sus lamentos.

 

No oses bajar el cuello

permitiendo que esas lágrimas

hagan más salada esa mar

y más lamentado ese muro.

 

Coloca tu mano sobre la mía

aferrándote con fuerza

y verás resucitar la mar que ha muerto.

Metámonos en sus aguas dulces

que dejaron atrás la sal.

 

Ahora observa mis ojos risueños

claros sobre ese rostro tan tuyo

y únete a mis esperanzas

que no serán más un muro de lamentaciones,

sino uno de constantes alegrías.

 

Te acercas como una rosa

y tan delicada yo te toco

tus labios de polen

emanando la miel

que mi paladar

poco a poco palpita.

 

Dame un abrazo fuerte-

como raíces que brotan

de árboles inclinados y tersos

en un entrelazo que sólo cesa

si con el hacha

la vida me cortas.

La Llanta Humana (Poema)

Nunca antes se había visto

un fenómeno como La Llanta Humana.

Su ruedo ha marchitado las flores,

callado el pico al gallo

y aguado el día a San Valentín.

Con tanto chapucero,

¿quién puede ver los huecos de la pista?

La Llanta Humana,

ay, ¡pobre de ella!;

sube la cúspide del cerro,

sin saber que después

rodará cuesta abajo;

aceptémoslo pues a murmuro de huayco,

mientras La Llanta Humana

tropieza su cerro y nos aplasta.

¿Por qué será que como peruanos,

vemos sólo círculos, ruedas y rodeos?

Escombros Ideales (Poema)

Ya iniciado el letargo citadino que cumula el resorte nocturno,

Un rutilante pasaje de quebradiza soltura cuelga lo diurno.

El opaco celestial de embolsado furor ya cesó su sol enmarmolado.

Son los absortos trazos ilusos los que ignitan las semillas creativas

Esculpiendo en cinceles concreto desviado en abstracto enarbolado.

Zaherir causa justa en vientos ruinosos es hundir el vaivén

De olas etéreas que sumergen tal realismo en corrientes del Zen.

El Camino de tu Tormenta (Poema)

Suelo andar por la tibieza de tu tormenta,
como olas fatuas en un caminar violento.
No pestañees
mi océano perdido,
que cada cerrar de tus ojos,
sopla un alud de vientos,
que me empuja hacia la lejanía.
La copa de cristal desliza de tus uñas bermejas,
en la tibia modorra de un sueño templado.

Sube a mi lecho oscuro,
en la claridad de una cama de nubes.
De lo contrario mi alma caerá-
caerá en el quebranto de un río de espuma
cuando en el amor, los besos queman como la nieve,
y en el letargo matutino el celo despierta.

Dinero, Sois Tirano (Poema)

Sobran los cuerpos de la bella naturaleza,
sobran también los que por dinero se obtengan.
Un desliz sobre el cariz de rostros manipulados,
otro tanto sobre un dinero que controla.

Oh criaturas subyugadas,
despertad del yugo de vuestro amo
aquel que cobró vida
por culpa de la razón,

Buscáis cautivar a vuestro amo,
trabajando sin cesar,
esclavos de su misericordia,
con el fin de obtener un trozo de él.

Pero aquél es un tirano,
oculto bajo el rostro adusto-
de su cara y firme sello.

Esclavos, estrechadle la mano
y veréis cómo lo recibiréis:
con frialdad y tosquedad.
Sentiréis su aspereza,
su incomprensión e indiferencia
y su silencio que retorna en ignorancia.

Escuchad esclavos,
y liberadse del yugo de vuestra voluntad.
¿Que no veis que esas cadenas
las ha formado vuestro cuerpo?

Yo una vez estuve en la caverna,
encadenado por la ceguera.
Entonces vino Platón,
y pronunció mi libertad:
“No eres tú, ser autómata,
¿aquél que no quiere ver la luz?”

“Sirves a un tirano frío y seco
que ofrece lo que te plazca
imponiendo sus sellos y valores.
Esas cadenas son imaginarias.
Sal a la luz que pronto lo verás.”

Entonces camino tembloroso,
con un nudo en mi garganta
hacia la luz exterior de formas
brillante en su haber
confuso en su obrar.

Esos colores que irradian,
¿qué son respecto a mi ser?
Ergo el sabio contesta:
“Es la luz del alma,
que mantuvo prisionero
aquel tirano de tu ceguera.
Ahora yo te aconsejo:
sé feliz bajo el amor,
libre albedrío de tus emociones.

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