Sobran los cuerpos de la bella naturaleza,
sobran también los que por dinero se obtengan.
Un desliz sobre el cariz de rostros manipulados,
otro tanto sobre un dinero que controla.

Oh criaturas subyugadas,
despertad del yugo de vuestro amo
aquel que cobró vida
por culpa de la razón,

Buscáis cautivar a vuestro amo,
trabajando sin cesar,
esclavos de su misericordia,
con el fin de obtener un trozo de él.

Pero aquél es un tirano,
oculto bajo el rostro adusto-
de su cara y firme sello.

Esclavos, estrechadle la mano
y veréis cómo lo recibiréis:
con frialdad y tosquedad.
Sentiréis su aspereza,
su incomprensión e indiferencia
y su silencio que retorna en ignorancia.

Escuchad esclavos,
y liberadse del yugo de vuestra voluntad.
¿Que no veis que esas cadenas
las ha formado vuestro cuerpo?

Yo una vez estuve en la caverna,
encadenado por la ceguera.
Entonces vino Platón,
y pronunció mi libertad:
“No eres tú, ser autómata,
¿aquél que no quiere ver la luz?”

“Sirves a un tirano frío y seco
que ofrece lo que te plazca
imponiendo sus sellos y valores.
Esas cadenas son imaginarias.
Sal a la luz que pronto lo verás.”

Entonces camino tembloroso,
con un nudo en mi garganta
hacia la luz exterior de formas
brillante en su haber
confuso en su obrar.

Esos colores que irradian,
¿qué son respecto a mi ser?
Ergo el sabio contesta:
“Es la luz del alma,
que mantuvo prisionero
aquel tirano de tu ceguera.
Ahora yo te aconsejo:
sé feliz bajo el amor,
libre albedrío de tus emociones.